Irán: se intensifican las protestas y la represión
Las protestas comenzaron el 28 de diciembre en respuesta al aumento de los precios, antes de volverse contra los gobernantes clericales que han gobernado desde la Revolución Islámica de 1979. Las autoridades acusan a Estados Unidos e Israel de fomentar problemas. El flujo de información desde Irán se ha visto obstaculizado por un apagón de Internet desde el jueves.
En imágenes de la ciudad nororiental de Mashhad, se puede ver humo elevándose hacia el cielo nocturno proveniente de incendios en la calle, manifestantes enmascarados y una calle sembrada de escombros, según mostró otro video publicado el sábado.
La televisión estatal transmitió el domingo imágenes de docenas de bolsas con cadáveres en el suelo frente a la oficina del forense de Teherán, y dijo que los muertos eran víctimas de eventos causados por “terroristas armados”.
Mujeres en Irán desafían al régimen quemando velos y lideran protestas masivas
Miles de mujeres en Teherán desafiaron abiertamente al régimen islámico quitándose y quemando sus velos (hiyab) en espacios públicos, convirtiéndose en el símbolo central de una nueva ola de protestas que exige mayores libertades y cuestiona la represión estatal.
La quema del hiyab trascendió como un gesto de resistencia cultural y política, mientras otras mujeres realizan actos de rebeldía, como prender cigarrillos con fotos de líderes del régimen. Estas acciones buscan visibilizar el descontento y generar presión social sobre las autoridades.
Aunque las manifestaciones comenzaron motivadas por problemas económicos, como crisis hídrica y apagones, rápidamente derivaron en un movimiento más amplio liderado por jóvenes y estudiantes que exigen el fin de la teocracia. La combinación de protestas económicas y culturales ha convertido a estas movilizaciones en un fenómeno sin precedentes desde 2022.
El régimen respondió con amenazas de máxima fuerza para contener las manifestaciones, que dejaron centenares de víctimas en todo el país. A pesar de la represión, el gesto simbólico de quemar el velo se mantiene como un emblema de resistencia frente al control estatal.
