El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ordenó a la Marina estadounidense destruir cualquier embarcación que intente colocar minas en el estrecho de Ormuz, en un nuevo gesto que eleva la tensión militar en una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.
“He ordenado a la Marina de Estados Unidos disparar y destruir cualquier barco, por pequeño que sea… que esté colocando minas en las aguas del estrecho de Ormuz”, publicó Donald Trump en un Truth Social.
La decisión refuerza la postura de Washington en un punto geográfico clave para el comercio global de petróleo y gas, donde cualquier interrupción puede impactar directamente en los mercados internacionales.
El estrecho de Ormuz, eje del conflicto
El estrecho de Ormuz, una vía marítima crucial para el transporte mundial de hidrocarburos, se ha convertido en un foco central de tensión dentro del conflicto regional. En ese marco, la tregua impulsada de manera unilateral por Donald Trump, que entró en vigor el 8 de abril, convive con un escenario de alta inestabilidad.
Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, Irán restringió el paso por el estrecho y solo autorizó el tránsito de un número limitado de buques. En paralelo, Estados Unidos bloqueó el acceso a los puertos iraníes desde el 13 de abril, profundizando el enfrentamiento en el plano marítimo.
Advertencias cruzadas y tensión política
En otro mensaje publicado el mismo jueves, Donald Trump volvió a apuntar contra la situación interna en Teherán y cuestionó la conducción del régimen iraní.
“¡Irán está teniendo muchísima dificultad para averiguar quién es su líder! ¡Simplemente no lo saben! La lucha interna entre los ‘duros’, que han estado perdiendo terriblemente en el campo de batalla, y los ‘moderados’, que no son nada moderados (¡pero están ganando respeto!), es una locura”, sostuvo el mandatario.
Finalmente, Trump aseguró que Estados Unidos mantiene el control operativo de la zona estratégica: “Tenemos control total sobre el estrecho de Ormuz”.
La escalada verbal y militar se produce en un contexto donde el estrecho sigue siendo uno de los puntos más sensibles para la seguridad energética global y un termómetro directo de la relación entre Washington y Teherán.
