La Organización Mundial de la Salud declaró una Emergencia de Salud Pública de Importancia Internacional (ESPII) tras el avance de un brote de ébola provocado por la cepa Bundibugyo en Uganda y República Democrática del Congo. La decisión encendió las alarmas sanitarias globales debido al aumento de casos sospechosos, la expansión territorial del virus y la inexistencia de una vacuna aprobada para esta variante.
Según datos difundidos por la OMS y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de África, el brote ya provocó 88 muertes reportadas y cientos de casos sospechosos en la región central y oriental del continente africano.
La medida anunciada desde Ginebra representa el segundo nivel de alerta más alto dentro del sistema sanitario internacional. Sin embargo, la OMS aclaró que la situación todavía no reúne los criterios necesarios para ser declarada pandemia, una categoría superior incorporada tras las reformas del Reglamento Sanitario Internacional aprobadas en 2024.
La cepa Bundibugyo es una de las variantes menos frecuentes del virus del ébola. Fue identificada por primera vez en 2007 en el distrito ugandés de Bundibugyo, del cual tomó su nombre. Aunque históricamente registró menos brotes que la cepa Zaire —la más letal y conocida—, los especialistas advierten que su circulación genera una preocupación particular porque todavía no existe una vacuna aprobada específicamente para combatirla.
El virus del ébola provoca una fiebre hemorrágica viral altamente contagiosa. Se transmite a través del contacto directo con sangre, fluidos corporales o secreciones de personas infectadas, tanto vivas como fallecidas. Entre los síntomas más frecuentes aparecen la fiebre alta, el cansancio extremo, dolores musculares, vómitos, diarrea y hemorragias internas o externas en los cuadros más graves.
De acuerdo con la OMS, la tasa de mortalidad del virus puede oscilar entre el 60% y el 80%, dependiendo del acceso sanitario, la velocidad de detección y el tipo de variante.
