Es el nombre del gol. Es el nombre de la ilusión de todo un país. Es el hombre que lo llevó a un Mundial después de 28 años. Es el hombre que se hizo cargo de toda la expectativa que generó en la previa y que estuvo a la altura de las circunstancias. Erling Haaland, una de las atracciones de la Copa del Mundo, tuvo un debut soñado: convirtió un doblete en la victoria 4-1 de Noruega en su estreno frente a Irak.
El delantero del Manchester City puso toda su jerarquía y su capacidad goleadora al servicio de un equipo con algunas limitaciones. Porque el triunfo en el estreno en Boston solo se puede explicar a partir de la presencia de Haaland en cancha. Su preponderancia dentro del área y su calidad fueron los factores trascendentales para obtener los primeros tres puntos y ser líder del Grupo I junto a la Francia de Mbappé.
