Con goles de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, la Albiceleste le ganó 2-1 a los británicos y se metió en la final del mundo.
No se puede escribir así. ¿Será poco profesional decir que se escribe llorando? En el manual del periodista hay lugar para la emoción. ¿Dónde aparece la pasión? ¿Cómo se hace para no identificarse con semejante demostración de compromiso, actitud y fe? ¿Dónde hay que pararse para decir que Argentina jugó un partido que quedará en el recuerdo de todos los mundiales más allá de lo que pase el domingo? ¿Cómo no llorar con Messi, con Paredes, con los cambios de Scaloni, con el grito de Enzo, con Barco entrando a festejar como un loco desenfrenado? ¿Cómo no conmoverse si estamos viendo la historia transcurrir en vivo y en directo? Argentina finalista. Argentina humilló al amarretismo inglés. Argentina lo dio de vuelta de nuevo. Argentina… No puedo más.
No era un partido más. Por la carga emocional, porque era una semifinal, por las razones que quieras, ninguno de los dos salió a jugarlo de entrada. Salieron a pelearlo, a dejar en claro que ninguno estaba dispuesto a hacer el papelón de Francia el día anterior. Y Argentina, sabiendo que Inglaterra iba a arrancar presionando, llevó la historia a su ritmo y a su clima. Los primeros cinco acercamientos de dos jugadores, los argentinos le agregaban un contacto con el brazo. Los ingleses cayeron en la trampa de nerviosos y se picó rápidamente.
La tensión era absoluta y a medida que pasaban los minutos, el dueño de los tiempos se empezó a llamar Leandro Paredes. Alexis y Enzo se movían siendo siempre opción de pase y ya la promesa de atropellada inglesa perdió efecto por más que siguieran mostrando que por los bandas, en especial cuando se proyectaba por derecha Rogers.
¿Y Bellingham? Nada.
El primero de las figuras en decir presente fue Messi con una pared rápida con Alexis. Se seguía peleando el partido, pero los dos empezaban a mostrar también juego. Kane retrocedía unos metros ante la pasividad de Bellingham y armaba un buen ataque abriendo rápido hacia afuera pero el Dibu controló lo que terminó siendo un centro bajo sin fuerza.
Buena salida de Enzo por el medio, a la izquierda para Taglia, Julián que la pide abierto y el centro terminó en una asistencia fallida de Messi con el pecho. Así Argentina se paraba también en peligroso en un primer tiempo que no dio respiro. Que forzaron un par de foules cerca del área que terminaron siendo más amenazas que realidades peligros. No terminaban de acomodarse de esa jugada que Messi gambeteaba a tres y cuando iba pr el cuarto lo bajaba Andersen ganándose la amarilla y picanteando de nuevo la temperatura que no iba a bajar.
¿Y Bellingham? Nada.
Cuando uno avanzaba firme, el otro respondía firme. Cada detalle contaba. Y Argentina empezó a ganar esos detalles con Simeone anticipándose a todos y generando a los dos minutos que Julián tuviera dos veces remate al arco desde dentro del área y que Pickford tapó muy bien.
La tenencia empezaba a estar en la Selección, pero cada pelotazo largo de contra era una tortura. Si el equipo perdía la pelota, quedaba muy expuesto. Y así se sumó la amarilla de Cuti Romero. Así llegó el desborde por derecha para que Gordon se anticipara a Molina y sacudiera el resultado.
La reacción llegaría al toque con una buena apilada de Messi de espaldas, el pase a Enzo que lo dejó a Simeone corriendo hacia el arco y Spence lo cerró de manera magistral. Argentina presionaba sabiendo que había riesgo y los ingleses retrocedían agazapados. Alguna de las dos cosas iba a llegar primero: el empate o el 2-0.
¿Y Bellingham? Nada.
El cambio de Nico González hizo ruido. Es cierto que venía bien explotar el sector izquierdo de la defensa inglesa, pero tan cierto como que Paredes estaba jugando un partidazo. Enzo puede hacer de 5 pero al volante de Boca le cuesta más hacer de Fernández si el cambio fuera al revés y enseguida se notó que el aporte del ingresado sería importante.
La capa de superman comenzó a flamear. Messi se sacaba a dos de encima y asistía a González. Se sacaba otros dos y de nuevo lo ponía a Nico en posición de gol. Se sacaba otros dos y metía un centro que el recién ingresado no le pudo dar puntería y terminó luciendo a Pickford. De Paul lo encontró Mac Allister y reventó el palo. Messi se la ponía de nuevo en la cabeza a Nico González y se iba rozando el palo. Remate de Enzo que sacaba el arquero. Se podía leer como que la Selección estaba superviva tanto como se había consumido toda la suerte en las instancias anteriores. Tan enamorado estaba Inglaterra de esa fórmula, de aguantar y aguantar que se al final la justicia se metió de lleno y Fernández, el Topo Fernández desde este tarda, se llenaba la cara de gol.
La caballerosidad y el fair play que venden como emblema lo dejaron en Londres. No sabía como hacer para llegar al alargue porque la Selección, con el mejor clima en tribuna de todo el Mundial, había olido sangre. Mac Allister reventaba el palo de nuevo pero iba por más. El superhéroe desbordó por derecha, mandó el centro con derecha, sí, y Lautaro. Lautaro se comió al León.
¿Y Bellingham? Nada.
Julián Alvarez le corta el ataque a Kane. Messi persigue a Bellingham. De Paul vuelve a ser el motor. Dibu vuela más alto que nunca… Todos se multiplican por la celeste y blanca o por la azul que quedará en el ADN de nuestros hijos, de nuestros nietos y de los que no veremos nacer. La comunión de un equipo con la gente emociona. No era un partido más. No lo fue. No lo será.
