Devolver «al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios» significa «ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para el bien». Fue la afirmación del Papa en el Ángelus de este domingo 18 de octubre, desarrollando su catequesis a partir del Evangelio de Mateo proclamado por la liturgia de hoy.
Asomado desde la ventana del Palacio Apostólico hacia la plaza de San Pedro, León XIV saludó a los numerosos fieles y peregrinos allí reunidos que le manifestaron su cercanía y afecto y junto a él, rezaron la oración a la Madre de Dios. Se trata la primera actividad pública del Santo Padre después de haber sido dado de alta ayer del hospital Gemelli, donde había sido ingresado el pasado martes para someterse a una cirugía de extirpación de un adenocarcinoma pulmonar.
Jesús desenmascara la hipocresía
El Evangelio de Mateo —recordó el Papa— «nos presenta una de las enseñanzas más famosas de Jesús: “Devuelvan al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”».
Por eso es importante situarla en el contexto en el que fue pronunciada originalmente. El evangelista describe «una situación hostil hacia Jesús»: los fariseos se pusieron de acuerdo para ver cómo Jesús caía en una trampa con alguna de sus afirmaciones y deciden enviar a algunas personas a interrogarlo sobre un tema polémico, si es lícito o no pagar el tributo al César.
Dios no le teme a la historia sino que viene a vivir en ella
“La respuesta del Maestro es astuta —señaló el Pontífice— porque lo mantiene fuera de la trampa y desenmascara la hipocresía de quienes quieren hacerlo caer”. Jesús les pide la moneda del tributo, un denario. Ellos se la dan, y el Señor pregunta: «¿De quién es esta imagen y esta inscripción?». Le responden: «Del César». Entonces afirma: «¡Devuelvan al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios!»
En Jesús contemplamos a un Dios que no teme a la historia, sino que, por el contrario, viene a vivir en ella. Su Reino no elimina los cargos ni las responsabilidades humanas. Sin embargo, nos pide que vivamos sin concesiones, libres de malas ambiciones e intereses injustos, anteponiendo ante todo el Reino de Dios y su justicia.
Libres para el bien
En este sentido – evidenció León XIV – llama la atención el elogio que esas mismas personas le dirigen a Jesús, aunque movidas por malas intenciones: «Maestro, sabemos que eres sincero, que enseñas con fidelidad el camino de Dios y no te dejas influir por nadie, porque no te fijas en la apariencia de la gente».
Queridos hermanos, este es precisamente el perfil de quien “devuelve al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”: ser sinceros, sin temor ni hipocresía, libres para hacer el bien. Oremos al Señor para que nos ayude a ser así. Y confiémonos a la intercesión de la Virgen María.
