Caputo presentó su plan para pagar deudas hasta 2027

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En conferencia de prensa el ministro de Economía, Luis Caputo, junto al viceministro, José Luis Daza, y el secretario de Finanzas, Federico Furiase anunciaron el Programa Financiero 2026-2027 con el que busca ordenar el perfil de deuda en los próximos años. La hoja de ruta combina distintas fuentes de financiamiento y prioriza la reducción del costo de fondeo.

El ministro de Economía, Luis Caputo, presentó este lunes el programa financiero hasta 2027 y aseguró que la estrategia de financiamiento del Tesoro contempla la posibilidad de volver a los mercados internacionales, aunque aclaró que “salir a los mercados es una opción más, no un objetivo”. La hoja de ruta busca explicar cómo se afrontarán los vencimientos en moneda extranjera hasta el final del mandato de Javier Milei y llega en un contexto de atención del mercado sobre la evolución de los bonos y el riesgo país, que cerró el viernes en 415 puntos básicos, el nivel más bajo desde 2018.

El principal interrogante que busca despejar Economía con este programa es cómo se afrontarán los compromisos en dólares previstos entre junio de 2026 y diciembre de 2027. Según estimaciones de la consultora 1816, los vencimientos suman USD 30.700 millones. De ese total, USD 7.400 millones corresponden a lo que resta de 2026, mientras que otros USD 23.300 millones se concentran en 2027, un año electoral en el que Milei buscará la reelección.

Caputo abrió la presentación con una defensa del rumbo económico del Gobierno y aseguró que la principal diferencia respecto de experiencias anteriores es que el orden macroeconómico responde a una “decisión política” y no a una crisis. En ese sentido, sostuvo que desde el inicio de la gestión se optó por cumplir con todas las obligaciones financieras, respetar “la santidad de los contratos”, el Estado de Derecho y la propiedad privada, pese a que, según afirmó, al asumir recibió recomendaciones para declarar un default.

Además, remarcó que el programa financiero no busca incrementar el endeudamiento, sino refinanciar el capital de los vencimientos mientras los intereses continúan pagándose con el superávit primario, con el objetivo de reducir el peso de la deuda sobre la economía. También adelantó que el esquema hasta 2027 fue diseñado con “mucha opcionalidad” y calificó como una posibilidad, aunque no como una meta, volver a emitir deuda en los mercados internacionales. “El objetivo es refinanciar los vencimientos a la menor tasa posible”, afirmó, al sostener que una baja del costo de financiamiento permite reducir el pago de intereses y generar mayor margen para mantener el equilibrio fiscal o avanzar con una disminución de impuestos.

Caputo sostuvo además que el Gobierno busca reducir la dependencia histórica de la Argentina del financiamiento externo mediante el desarrollo del mercado de capitales local y reiteró que el orden macroeconómico permitirá acceder a mejores condiciones de crédito con el paso del tiempo. En ese sentido, afirmó que el riesgo país continuará descendiendo a medida que mejoren los fundamentos económicos y aseguró que el programa financiero deja “sobrecumplidos” los refinanciamientos previstos para 2026, mientras que los vencimientos de 2027 serán “menos desafiantes” de lo que plantea el mercado.

Como objetivo de largo plazo, el ministro reveló que la administración de Javier Milei aspira a que el país alcance el grado de inversión (Investment Grade) hacia el final de un eventual segundo mandato presidencial, una meta que, según dijo, fue considerada “lograble” por dos de las principales calificadoras de riesgo. A su entender, obtener esa calificación implicaría consolidar la estabilidad macroeconómica, reducir el costo del financiamiento, atraer mayores inversiones y generar más empleo, al tiempo que representaría “una especie de sello de país confiable y creíble”.

El programa financiero hasta 2027

Al introducir la presentación del programa financiero, el secretario de Finanzas, Federico Furiase, aseguró que la estrategia del Gobierno estuvo alineada con el equilibrio macroeconómico y tuvo como ejes reducir el costo del financiamiento, extender los plazos de la deuda y mantener un perfil de vencimientos ordenado. En ese marco, destacó la caída del riesgo país desde los 2.700 puntos básicos al inicio de la gestión hasta los 414 actuales y afirmó que esa mejora contribuye a abaratar el crédito para las empresas y las familias, además de fortalecer la estabilidad económica.

Como primero punto, Furiase explicó que el programa financiero prevé para 2026 necesidades de financiamiento por USD 19.200 millones frente a fuentes por USD 22.900 millones, lo que generaría un excedente de USD 3.700 millones. Según indicó, ese colchón se utilizará para afrontar parte de los vencimientos de capital de 2027, por lo que aseguró que las necesidades de refinanciamiento del próximo año serán “menos desafiantes” y estarán respaldadas por un esquema “muy conservador”, que además contempla distintas alternativas de financiamiento sin necesidad de recurrir a todas ellas.

En el segundo punto, Furiase destacó el rollover de la deuda intrasector público, que contempla la refinanciación total del capital e intereses de los compromisos del Tesoro con organismos del propio Estado, como el Banco Central y el Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS). El funcionario sostuvo que, gracias al superávit fiscal y a la estrategia financiera implementada por el Gobierno, la deuda intraestatal se redujo de alrededor de 70 puntos del PBI a 29 puntos, al tiempo que mejoró la hoja de balance del Banco Central mediante la recompra de títulos y letras intransferibles.

El Secretario señaló que el tercer componente de las fuentes de financiamiento para 2026 está dado por los préstamos con garantía de organismos internacionales, una herramienta que, según explicó, es consistente con la estrategia oficial de evitar salir a los mercados externos convalidando tasas consideradas elevadas en función de los fundamentos macroeconómicos.

En ese marco, el funcionario detalló que se prevén USD 4.000 millones bajo este esquema, incluyendo un préstamo con garantía del Banco Mundial por USD 2.000 millones a una tasa cercana al 6%, con 6 años de plazo y 3,5 de gracia; otro del BID por USD 1.200 millones a 7,75%, con 10 años de plazo y el mismo período de gracia; y una línea adicional en negociación por USD 1.000 millones.

 

A esto se suman los desembolsos de organismos internacionales y del FMI, que, según explicó, se utilizan en parte para la recapitalización del Banco Central mediante la recompra de letras intransferibles, en el marco del proceso de saneamiento del balance de la autoridad monetaria y sin incremento de la deuda bruta.

Furiase explicó que en el ítem de emisiones internacionales el programa financiero se diseñó con “opcionalidades”, por lo que la eventual salida a los mercados externos depende de la evolución del contexto local e internacional y de las tasas de interés. En ese marco, destacó que el programa 2026 cerrará con un excedente de USD 3.700 millones sin necesidad de acceder a los mercados internacionales, lo que —según afirmó— refuerza la estrategia de reducir el costo financiero y sostener la solvencia fiscal. Además, señaló que la relación deuda-producto bajó de casi 100% a 39,7% y proyectó una continuidad de esa tendencia descendente bajo supuestos conservadores, clave para seguir reduciendo el riesgo país y las tasas de interés.

Para cerrar el apartado del programa financiero 2026, el secretario de Finanzas menciono que se incorpora otras fuentes de financiamiento que, por prudencia, fueron consideradas en cero para ese año pero que tendrán mayor relevancia en 2027. En ese marco, incluyó el capítulo de privatizaciones, para el cual proyectó ingresos por unos USD 400 millones hacia lo que resta del año, una estimación que calificó como conservadora dentro del esquema general de financiamiento.

Un 2027 menos desafiante y con mayor colchón financiero

Furiase señaló que el programa financiero 2027 es “menos desafiante” que el de 2026, ya que se apoya en un esquema de fuentes de financiamiento más acotado y en un colchón inicial de USD 3.700 millones, producto de supuestos conservadores en las colocaciones y en la acumulación de reservas durante el año previo. A esto se suma, según detalló, la compra de dólares al Banco Central por USD 4.900 millones, que constituye una de las principales fuentes del esquema.

En tercer lugar, explicó que se mantiene el rollover intrasector público por USD 1.800 millones, bajo los mismos criterios aplicados en 2026, junto con los desembolsos de organismos internacionales y del FMI, y un esquema de emisiones locales de alrededor de USD 5.000 millones, pensado sobre la base del refinanciamiento de los vencimientos de capital de los bonos bajo legislación local. En esa línea, remarcó que las emisiones internacionales continúan como una “opcionalidad” sujeta a las condiciones del mercado, el riesgo país y las tasas de interés.

Por último, incluyó otras fuentes de financiamiento, como un esquema bilateral por USD 2.000 millones y privatizaciones por USD 1.800 millones, siempre bajo un enfoque conservador. Según detalló, el programa 2027 también se apoya en la extensión del perfil de vencimientos en moneda local, la baja de tasas de interés y la reconstitución de reservas del Tesoro, lo que permitió mejorar la estructura de la deuda, reducir la volatilidad financiera y sostener una relación deuda-producto estable en un contexto de mayor previsibilidad macroeconómica.

Opcionalidad, eficiencia y objetivo de largo plazo

El viceministro de economía, José Luis Daza, afirmó que detrás del programa financiero existe “una estrategia, prioridades y un marco conceptual” que guía el diseño de la política económica, basado en tres pilares centrales. En primer lugar, destacó el concepto de flexibilidad u opcionalidad, que —según explicó— no es un elemento decorativo sino una herramienta con sustento teórico que permite dotar al programa de mayor capacidad de adaptación frente a la incertidumbre y ampliar el abanico de fuentes de financiamiento hacia adelante.

En segundo término, subrayó el principio de eficiencia, entendido como la búsqueda sistemática del menor costo financiero posible, con impacto directo en la reducción del peso de la deuda sobre los impuestos y el gasto público. Finalmente, remarcó que toda la estrategia se ordena en función de un objetivo de mediano y largo plazo: alcanzar para 2031 las métricas compatibles con el grado de inversión, una meta que calificó como “ambiciosa pero lograble”, y que, según sostuvo, permite orientar el conjunto de las políticas económicas hacia un esquema de mayor previsibilidad y estabilidad.

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