El primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, reconoció una derrota “dolorosa” tras una jornada electoral marcada por una participación sin precedentes, en la que se consolidó como la votación más trascendental del país en décadas. Con un 77,8% de participación —récord histórico confirmado por la Comisión Electoral Nacional—, los primeros resultados situaron al oficialismo Fidesz por detrás de la oposición liderada por Péter Magyar, quien logró canalizar el descontento social en una elección clave para el rumbo político del país.
La participación ciudadana es la más alta en la historia electoral húngara. La Comisión Electoral ya había anticipado niveles récord hacia las 18:30 hora local, cuando el porcentaje superaba el 77%.
Desde temprano, largas filas en los centros de votación de Budapest y otras ciudades anticiparon un voto de castigo contra el oficialismo. La alta concurrencia, especialmente en zonas urbanas, terminó de inclinar la balanza contra Orbán, cuya base electoral tradicional se apoya en sectores rurales. La participación final del 77,8% se convirtió en la más alta de la historia electoral húngara.
En ese contexto, Magyar celebró la victoria ante sus seguidores en el centro de Budapest con un discurso en el que delineó sus prioridades: prometió restablecer los controles institucionales, reforzar la relación con la Unión Europea y la OTAN, y llamó a los “títeres de Orbán” a abandonar sus cargos. La oposición, nucleada en el partido Tisza, no solo ganó la elección sino que superó el umbral de los dos tercios en el Parlamento, con 137 de los 199 escaños, lo que le permitiría avanzar en reformas estructurales del sistema político construido durante los últimos 16 años.
Orbán, aliado internacional de Donald Trump y Javier Milei, aceptó el resultado y felicitó a su rival. “Para nosotros el resultado es doloroso, pero ha dejado claro que no nos ha otorgado la responsabilidad de gobernar”, afirmó. También aseguró que trabajará para “sanar heridas” y que continuará en la vida política desde la oposición: “¡No nos rendimos! ¡Nunca, jamás nos daremos por vencidos!”, exclamó ante sus seguidores.
El resultado fue seguido con atención en toda Europa. Funcionarios de la Unión Europea, que durante años mantuvieron tensiones con el gobierno húngaro por el deterioro del Estado de derecho y bloqueos políticos —como el veto a un préstamo de 90.000 millones de euros para Ucrania en medio de una disputa por el oleoducto Druzhba—, reaccionaron con cautela pero con señales de alivio.
