La pobreza alcanzó al 34,4% de la población argentina durante el segundo trimestre de 2026, de acuerdo con las proyecciones elaboradas por la Universidad Católica Argentina (UCA) sobre la base de los microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) difundidos por el INDEC. Al extender el porcentaje proyectado en los 31 aglomerados urbanos evaluados al total del país, se calcula que 16.493.312 personas se encuadran por debajo del umbral mínimo de ingresos.
En el mismo período, la tasa de indigencia, que mide a la franja poblacional que no logra cubrir la Canasta Básica Alimentaria, escaló hasta el 8,0%, afectando a 3.835.654 personas. El registro representó un deterioro sensible respecto a las mediciones previas: la pobreza avanzó 4,4 puntos porcentuales en comparación con el primer trimestre del año (30,0%) y subió 2,6 puntos en la brecha interanual frente al segundo trimestre de 2025 (31,8%), manteniéndose de todos modos alejada del pico histórico del 54,8% observado a inicios de 2024.
Por su parte, la indigencia trepó 1,5 puntos porcentuales frente al 6,5% anotado entre enero y marzo, y marcó una suba de 1,1 puntos con relación al 6,9% informado en igual tramo del año previo. La traducción de estas variaciones porcentuales a términos cuantitativos revela que en los últimos doce meses 1.399.498 personas cayeron bajo la línea de pobreza al perder la capacidad de financiar sus gastos mensuales esenciales, al tiempo que 560.581 personas descendieron a la indigencia al no asegurar su alimentación diaria.
El impacto del deterioro social afectó con severidad al mercado de empleo formal e informal, vulnerando la capacidad de contención del ingreso laboral. Los datos procesados por los equipos técnicos de la UCA indicaron que el 23,5% de los ocupados se encuentra en situación de pobreza, un salto de 2,8 puntos frente al 20,7% del primer trimestre, en tanto que el 4,1% de la población laboralmente activa cayó en la indigencia, superando el 3,6% registrado en el trimestre anterior.
Detrás del deterioro aparecen dos factores centrales: el debilitamiento del mercado laboral y la pérdida de poder adquisitivo frente al costo de los bienes y servicios básicos.
Según el diagnóstico del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA, la menor actividad económica coincidió con la pérdida de puestos de trabajo registrados y una expansión de las ocupaciones informales y precarias. Las changas, los empleos por pocas horas y los repartos a través de plataformas se convirtieron en alternativas para quienes buscan sostener sus ingresos, aunque no siempre garantizan estabilidad ni remuneraciones suficientes.
El problema no se limita a quienes perdieron su empleo. También alcanza a una parte de los trabajadores ocupados: el 23,5% vive en hogares pobres y el 4,1% se encuentra en situación de indigencia. En el trimestre anterior, esos porcentajes eran del 20,7% y el 3,6%, respectivamente.
A la fragilidad laboral se suma la evolución de los precios. Los alimentos y otros componentes de las canastas básicas comenzaron a encarecerse por encima de la inflación general, mientras los salarios registrados volvieron a perder terreno en términos reales.
Además, el aumento de las tarifas de electricidad, gas, agua y transporte redujo los ingresos disponibles de las familias. Una porción mayor del presupuesto mensual debe destinarse a cubrir gastos que no pueden postergarse, lo que deja menos margen para comprar alimentos, vestimenta y otros productos esenciales.


