Estados Unidos fue nuevamente un conjunto dinámico, criteriosos y con ganas de jugar al fútbol. A nuestro fútbol, ese que ellos llaman soccer. Con una defensa ordenada, un Adams inteligente, la potencia de los laterales-volantes (Dest y Robinson), la dinámica de McKennie, la magia de Pulisic y la capadidad goleadora de Balogun, los norteamericanos no tuvieron demasiados inconvenientes para superar a un Bosnia perdido y sin muchos fundamentos futbolísticos (pobre Dzeko).
La única situación de riesgos de los bosnios fue la primera clarita del encuentro, cuando Freese impidió que Alajbegovic convirtiera un golazo olímpico. A partir de ahí, fue todo del local. Creció con la tenencia de la pelota, la movió de un lado al otro y coqueteó en varias oportunidades con la apertura del marcador. Un fuera de juego le ahogó el girto a Balogun. Sin embargo, en el epílogo del primer tiempo, el delantero se vio benficiado por un mal desteje y metió el 1-0.
El único momento de zozobra que debió superar EE.UU. fue cuando Balogun fue expulsado por el brasileño Claus por un pisotón y dejó a su equipo con diez. Igual, a pesar de eso, aguantó y lo terminó liquidando cerca del cierre con un gran tiro libre de Tillman. Octavos Unidos.
